...Cuentan que un día se rapó al cero,
dejó su alma en el cenicero y se echó a la calle.
Cruzó ese valle que abandona la inocencia
y con la violencia sustituir la ignorancia.
Cuando esto pasa es la conciencia la que ya no tiene sitio,
la que se apaga.
Como una daga, sobresale una idea vaga sobre responsabilidad
de una personalidad que muestra su fragilidad de la forma más dura.
Dentro de su armadura guarda una idea vulnerable:
"Clasificar a una persona por el idioma que hable",
me parece intolerable.
Al menos será rentable si no no pasaría más.
Hace tiempo que dejó atrás el ser persona
justo cuando se abandona el criterio y se abraza la esvástica.
De forma drástica formó parte de una táctica y se convirtió en peón
pieza de un rebelión que nunca tuvo sentido.
Con la noche como abrigo eliminar a un enemigo:
extranjeros y mendigos, esa es su solución
y cada fin de semana animar a un inmigrante que juega con un balón,
no sé ni como llamarlo.
Simplemente desterrarlo de esta sociedad demente.
Me parece sorprendente que ya nadie se sorprenda
que una muerte sea una prenda o un hecho cotidiano,
alguna noticia más dentro de algún noticiario,
algo que pasa a diario,
que parezca tan distante cuando pasa a nuestro lado...
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