jueves, 4 de febrero de 2010

CON EL NUDO EN LA GARGANTA

" Los hombres no lloran". La sociedad y en mi caso mis padres se han ocupado de inculcarme esta idea desde que era muy pequeño. Aún hoy me avergüenza que alguien me vea llorar e intento reprimir ese llanto con todas mis fuerzas.

Unos años atrás era practicamente imposible que soltara una miserable lágrima pero ahora la cosa ha cambiado. Desde aquellos años hasta ahora he llorado muchas veces y me pregunto: ¿Qué ha cambiado?. He llegado a la conclusión de que soy yo mis prioridades han cambiado y por suerte tengo cosas por las que merece la pena llorar.

Los últimos días los he pasado con ese incomodo nudo en la garganta que a todos nos ha oprimido a alguna vez pero no he conseguido llorar. El llanto me era necesario, es liberador ¿ Por qué reprimirlo?. No me da vergüenza admitir que necesito llorar de vez en cuando todo el mundo lo necesita.

Llorar no es malo ni inpropio de hombres es necesario incluso para el más duro de nosotros. Algún poeta dijo que alguien que no llora es porque no tiene alma y yo agrego que el que no tiene algo que merece una lágrima al menos, no tiene nada por lo que vivir.

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