domingo, 13 de septiembre de 2009

EL COLOR DE UNA BOMBILLA

Es curioso cuando no hay otra cosa mayor de la preocuparse como nos fijamos en esas cosas insignificantes en las que nunca habíamos reparado. Hoy cambié la luz de mi habitación, he pasado de la clásica bombilla de luz amarilla a la bombilla de ahorro de color azul y al hacerlo la calidez que sentía antes se ha ido con ella.

Ahora mi habitación es de un color azul estéril, como el de un hospital. Ha perdido su ambiente acogedor y a pesar de haber más luz ahora es como si siempre estuviera nublado o fuera de noche. Es una luz fría e impersonal y eso repercute en mi estado de ánimo. Mi santuario se ha convertido en una ilusión antiséptica de sentimientos fría e inexpresiva. Y yo no dejo de repetirme que ha sido una mala idea cambiar esa bombilla.

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