No tenía nada que hacer, me aburría terriblemente y no había nada que tan siquiera me entretuviera un rato. Ojeando los libros de los que disponía comprobé que los había leídos todos, bueno todos no,quedaba un viejo libro de poemas que nunca he tenido interés en leer y que estaba allí probablemente como fruto de algún trabajo del colegio o el instituto de alguna de mis hermanas. Como saber la joya que iba a encontrarme dentro.
Dicen que hay una música para cada momento pero es la persona la que decide que esos sonidos sintonizan con su estado de ánimo, pues con los libros, la poesías, las películas o incluso las personas pasa algo parecido. Quizá el hecho de leer este poema tiempo atrás no me hubiera supuesto nada, quizá no me hubiera llamado la atención, pero en ese preciso momento me cautivó. Comprendí que había que centrarse en las cosas buenas que la vida te ofrece y no estropearlas complicándolas demasiado ni meditando excesivamente sobre ellas porque eso no te deja disfrutarlas e incluso puede hacer que las pierdas. Igual no lo entendí bien pero es lo que necesitaba entender.
El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala,
soñaba altos muros
guardándote el alma,
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma
¿En donde empezaba?
¿Acababa, en donde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.
( Presagios, Pedro Salinas)
martes, 24 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario